A mitad de camino, Los Monegros

A mitad de camino, Los Monegros

A mitad de camino, Los Monegros de Darío Vidal por Salvador Trallero

Sariñena, si se vuelve un poco ve, a sólo unos kilómetros, los sequedales inacabables de Los Monegros, el desierto y la sed.
Sariñena, de espaldas a la tierra trágica, parece querer aturdirse…



Darío Vidal Listerri

Así comienza la parte sariñenense en el libro   A mitad de camino, Los Monegros del autor Darío Vidal Listerri (Alcañiz 1934-2020), libro publicado en 1971 y que fue protagonista de la lectura encadenada el martes 5 de mayo de 2026 en el Museo de Sariñena. Una quincena de personas participaron, entre ellos Rubén Vidal, uno de los hijos del autor, con quién hablamos…

Cuéntenos un poco sobre su padre, ¿cómo llega Darío Vidal a la literatura?
Mi padre era hijo de periodista y tenía acceso a una discreta biblioteca y gran curiosidad por la lectura, especialmente por la prensa, por lo que luego estudió periodismo; siempre nos contó que en el colegio ya obtenía cromos y gominolas a cambio de escribir versos para las “novietas” de algunos de sus compañeros. Él tuvo pasión desde siempre por la literatura.

Tuvo una importante faceta como investigador en temas etnológicos, y también gastronómicos y de productos agroalimentarios.
Era un hombre curioso por definición, le apasionaba Aragón, concretamente el Bajo Aragón, era su patria chica, siempre tuvo mucho interés también sobre el humor, que estudió, y la gastronomía, concretamente en el trabajo del libro A mitad de camino Los Monegros, descubrió cosas muy curiosas y que temía que se perdiesen, entre ellas las antiguas recetas, y ahí es dónde vio que podía rescatar las formas de hablar y de decir, y combinó ese estudio etnológico con el gastronómico, hablando de las personas y su lenguaje cuando enseñaban sus recetas gastronómicas.

Un premio que comenzó en 2021 en la Feria Agrícola y Ganadera de Los Monegros (FEMOGA), se otorgó en dos ediciones y después pasó a la ciudad de Alcañiz, lleva su nombre.
Yo estaba en Alemania en aquel entonces; Ismael Ferrer, gran amigo de mi padre, había participado en varias ediciones de la Feria Agrícola y Ganadera de Los Monegros en demostraciones, catas y premios como el de vacuno raza pirenaica, a través de este último conocía al que fue nuevo presidente de la feria, Valeriano Tella, conjuntamente decidieron impulsar el premio Darío Vidal reconociendo a proyectos que apostaban por la conservación y recuperación del patrimonio agroalimentario aragonés. Se presentó el premio en Femoga en 2019, pero llegó el covid en 2020 lo que paralizó todo, entregándose los años 2021 y 2022. Con el cambio en el equipo de gobierno, el nuevo consistorio sariñenense tuvo una actitud poco decidida hacía este galardón, decidiendo que no continuaría; en aquel entonces también en el Ayuntamiento de Alcañiz hubo un cambio en la alcaldía, ofreciéndose para que el premio continuara en la localidad turolense aquel año 2023, y allí sigue hasta la fecha.


Rubén Vidal dirigió unas palabras a los asistentes


Un momento de la lectura

Y además precursor. Recorrió muchos lugares en busca de recetas, elaboraciones y tradiciones para preservarlas.
Sí, en la década de 1970 cogía el coche e iba por lugares buscando recetas y formas de hacer, fue muy importante para él poner las palabras y los nombres de aquellos que le habían transmitido su saber.

Y vivió una etapa política, Consejero de Educación de la DGA.
Él no estaba adscrito a ningún partido político, y como libre le llamaron desde el gobierno del PAR, de Gómez de las Roces, aunque estuvo poco tiempo, solo año y medio, pues era muy estresante la política; después de haber estado ingresado y hospitalizado en un par de ocasiones por estrés le pedimos por favor, la familia, que dimitiese; él tenía una gran idea de la fidelidad, del pundonor y se tomaba las cosas muy a pecho; bueno, para ser político seguramente tienes que estar acostumbrado al insulto, a la descortesía, a que te vejen, a que falseen, hay que tener esa fortaleza, y mi padre era un artista, un ser sensible y no pudo encajar muy bien toda esa situación, fue una época que yo recuerdo muy dura.

Darío tuvo también una gran vinculación y conexión con Alcañiz a lo largo de su vida.
En cuanto tuvo oportunidad volvió a Alcañiz, que se convirtió casi en nuestro segundo hogar, pues los periodos vacacionales los pasábamos siempre allí cuando estábamos fuera y fue un lugar referente para nosotros. Este amor por Alcañiz y por Aragón nos lo transmitió a nosotros, siempre decíamos que fue como un elemento que nos había inoculado, desde entonces hasta ahora, tanto a mi hermana, que vivió unos años en América, como a mí, que tras veinticuatro años en Alemania e Italia he vuelto en cuanto he podido, pues estar aquí es estar también un poco con él.


Ismael Ferrer, gran amigo de Darío Vidal

La capacidad de observación, la inquietud por saber y su carácter humanista eran cualidades que habitaban en Darío. ¿Cómo era en ese sentido?
Uno de los elementos que más hablan de él en este sentido es su biblioteca, un patrimonio de más de cinco mil volúmenes, muy heterogénea pues tenía interés por todo: ciencias, biología, astronomía, filosofía, medicina, religión, diccionario, enciclopedia taurina, literatura diversa… mi padre sabía mucho de todo, es la persona más culta que he conocido en mi vida, podía hablar con ministros, pastores, agricultores, comerciantes, viajantes, filósofos y siempre tenía alguna cosa que aportar y que decir. Era un hombre honesto, cabal, equilibrado… para nosotros todo un ejemplo. Ese interés por conocer todo, hacía que tuviera siempre una curiosidad perpetua.

Usted ha heredado su toque artístico: pintor, escultor, articulista…
He heredado no sólo de él, sino también de mi abuelo que fue pintor y periodista, mi padre pintaba y dibujaba muy bien, y yo sigo la tradición, pintor y escultor sí, escribo puntualmente con algún artículo en una publicación comarcal. Esta herencia se la debo a él, en casa teníamos de todo a nivel artístico, lo que era una gran facilidad de acceso a la literatura, música, pintura…


Varios de los participantes en la lectura encadenada

Fotografía del cartel, de Salvador Trallero. Lucía Trallero lee el libro de Darío Vidal, ante el reloj del tiempo del mural de Alicia en el país de las maravillas en Sariñena.

Sobre Monegros escribió este libro, que en la actualidad es una gran muestra de todo un ambiente social y un tiempo desaparecido.
Su trabajo consistía en eso precisamente. Recordaba en sus páginas las similitudes de El Quijote o las de Cela en la Alcarria, cómo hay tesoros etnográficos que se mantienen y las vivencias con las que se fue encontrando; él iba con la pelliza y recogía y contaba muchísimas anécdotas, las conversaciones con la gente, ganaderos… y por eso le tenemos mucho cariño a Sariñena y Los Monegros porque son las cosas que hemos vivido, que él nos contaba, anécdotas, conversaciones, situaciones, hablaba con tanto cariño de esta tierra… recuerdo desde muy pequeñito cuando íbamos desde Barcelona a Alcañiz, vía Bujaraloz, aquellas noches de invierno en las que parábamos y apagábamos las luces del coche para contemplar la Vía Láctea, mi padre decía que Monegros era uno de los sitios más puros y limpios del mundo. Él, que le gustaba mucho el mar y la vela, nos hablaba de este «mar de tierra» que emocionaba y sobrecogía. Como pintor he estado pintando esta zona porque me llama mucho la atención el contraste de el casi nada, que es muy cercano a la poesía, principio y final de todo un argumento o dibujo artístico, porque es el resumen de todo un concepto, cuadro o el inicio del boceto. Monegros prácticamente tiene una línea de separación entre cielo y tierra, tiene muchísimos matices y tu vista tiene que acostumbrarse para encontrar todos esos profundos detalles. Monegros es trascendente