La búsqueda de la realidad. Hablando con… José Miguel Andrade

La búsqueda de la realidad. Hablando con… José Miguel Andrade

por Salvador Trallero.

José Miguel Andrade se licenció en Derecho, y estuvo de secretario en varios pueblos de Los Monegros como Sariñena o Albalatillo; implicado y colaborador en su ambiente social, ahora ya jubilado dedica tiempo a su otra licenciatura: la psicología. En su página web, www.josemiguelandrade.com, publica artículos y reflexiones personales, los sentimientos y las circunstancias de la vida social actual. Ha publicado varios libros, como su novela Vuela, gorrión, vuela, ambientada en el escenario de la Guerra de España y a la vez en la actualidad, presentada en octubre de 2025 en la Casa de Cultura de Sariñena; o sus reflexiones filosóficas plasmadas en su poemario Primavera en Sirio:

El presente tiene que fluir,
evolucionar,
y transformarse de forma natural.
No hay prisa ni apremio,
aunque no hay tiempo que perder.

Estuvo en la tertulia cultural Pepito Porta el pasado mes de febrero, con su charla coloquio La búsqueda de la realidad.

¿Por qué buscar la realidad? si ya existo, soy real.
Si eres real, ¿Cómo es que no sabes quién eres?.

Pausado, de habla calmada, su sosiego natural lo transmite a través de sus palabras, comentarios y reflexiones.

La búsqueda de la realidad ha sido desde siempre un gran campo de investigación para toda mente que aspira a ser libre y abierta, y busca respuestas a las infinitas cuestiones que se plantean cuando se trata de comprender el sentido de la vida y el inmenso misterio de la existencia. La realidad se suele tratar como un concepto complejo que se refiere a todo lo que existe, de forma efectiva, en contraposición a lo ficticio o ilusorio, a la mera imaginación o posibilidad. La realidad objetiva se basa en lo que nuestros cinco sentidos perciben, lo que podemos ver, tocar, oler, probar y escuchar, y no está sujeto a interpretación personal, aunque todo se interpreta de forma personal por mucho que parezca ser similar. La realidad subjetiva se refiere a los pensamientos, las ideas, los sentimientos, los valores, y las intuiciones sobre otras realidades que aún no están en nuestro campo perceptivo. Es evidente que la realidad puede ser en gran parte subjetiva, con un alto componente interno, y la prueba de ello es que, ante la misma realidad externa, en un mismo escenario, cada persona ve las cosas de forma diferente, con distintas percepciones físicas, emocionales y mentales. La realidad parece tener muchas caras, pero es sensato pensar que la realidad es la que es, independientemente de como la capta cada perceptor u observador.

 

Hablamos con él:

Habla de sentimientos, de emociones, del interior personal… Es sencillo hablar de ello en nuestra acelerada sociedad actual.
Debería serlo, pero aún no es un tema de actualidad en el que se quiera profundizar. Estamos tan absorbidos por la invasión del materialismo, de la competitividad, de la crítica, de la comparación, que hemos dejado a un lado la humanidad natural con la que nacimos, y el mundo interior parece cosa de místicos y creyentes. Hemos perdido el rumbo, nos hemos olvidado que todos somos hijos de Dios, de la Madre Tierra, del Universo, o como cada cual quiera llamarlo, y nos preocupamos solo de nosotros mismos y los “nuestros”; por eso no es de extrañar la confusión generalizada, la injusticia social y el abandono del camino con corazón que nos devolvería a la búsqueda de la verdadera realidad y a encontrar el sentido de la vida.

 

En general, ¿la gente, hoy, escucha o sólo oye?
Escuchar es un arte que hay que cultivar con esmero y persistencia, y por desgracia no se le suele dar importancia. Escuchar de verdad es tener una mente abierta, capaz de considerar y reflexionar sobre todo lo que se presenta, sin sesgos y prejuicios, sin sacar conclusiones precipitadas, sin tratar de imponer las opiniones y el propio criterio, con empatía, con limpieza y claridad mental. Escuchar no solo es atender a lo que nos dicen, también a su lenguaje corporal, su vibración, a las emociones y la energía que se transmiten, con una actitud sincera de comprender, y sentido de proporción en las valoraciones, tomando conciencia de nuestras emociones y pensamientos para que no interfieran. Escuchar es también atender al entorno, a la naturaleza, esa gran maestra que emite vida constantemente, y que tal vez lleve las respuestas en el viento a todas nuestras inquietudes.

¿Hemos vuelto la espalda a la reflexión interna, a mirar en nuestro interior?
Hay un olvido bastante generalizado de la espiritualidad que es patrimonio de todo ser humano, no solo de creyentes o religiosos. Conocemos en buena medida a nuestra personalidad formada por el cuerpo físico, emocional y mental, pero esa solo es una parte incompleta de nosotros mismos. Sosteniendo y dando vida a la personalidad está el ser interior, el alma, que es una parte esencial de nuestra psicología, aunque no se vea ni se pueda medir. La propia palabra Psicología nos da una pista. Su origen proviene del griego: Psique: alma o ser espiritual, y Logía: ciencia. Es la ciencia del alma. Es tan digna de investigación nuestra parte objetiva como su contraparte subjetiva. Y es a través del conocimiento del ser interior como se resuelven buena parte de nuestros problemas y aspiraciones.

 

Habló del negativo ambiente social contagioso. ¿Qué está pasando?
Las emociones y los pensamientos negativos son muy contagiosos. No ocurre lo mismo con las emociones y pensamientos positivos. Tendemos a creer con mucha más facilidad algo negativo que positivo, sobre todo si son juicios sobre los demás. La tradición carca y cutre de la vieja sociedad no ayuda. Se refleja en refranes como: “si el río suena agua lleva”, dando credibilidad al ruido; “piensa mal y acertarás”, como si haciendo algo mal se puede acertar; “cuando las barbas de tu vecino veas pelar, echa las tuyas a remojar”, alentando el miedo al qué dirán. Es muy necesario no prestar la más mínima atención a los bulos y falsedades, y dejar de criticar y hablar mal de los demás, esa lacra tan nuestra y tan miserable, de la que todos tenemos nuestra parte de responsabilidad. Los ciudadanos tenemos el arma del voto; si dejáramos de votar a cualquier político que insulte o propague bulos, que hable con bajeza y con desprecio, ese ambiente irrespirable cambiaría muy deprisa.

La gran cantidad de información que recibimos nos satura, desinforma e influye. ¿Qué función juegan, en general, los medios de comunicación?
Los medios de comunicación se centran en exceso en los aspectos más negativos y densos del mundo y de la vida social. Es el síndrome del mundo malo, que se enfoca casi exclusivamente en acontecimientos desastrosos y tragedias, también en interpretaciones sesgadas, dando una visión derrotista, a veces apocalíptica. Es evidente que la humanidad enfrenta grandes crisis, desafíos, injusticias y problemas de todo tipo, y debemos conocer todo lo que ocurre, pero no se informa en la misma medida de muchos proyectos e iniciativas que están dando respuestas y algunos resultados esperanzadores. La mayoría de la población mundial tiene buena voluntad y solo desea salir adelante y vivir con dignidad sin hacer daño a nadie. Por cada acto de maldad hay cien de bondad. No sabemos cómo encauzar el caos actual, pero no es ninguna utopía confiar en que se acabará imponiendo el sentido común, aunque nos queden aún algunas duras lecciones por aprender

 

¿Y las redes sociales?
Las redes sociales nacieron como un gran logro de la tecnología, con unas expectativas increíbles, y de hecho ofrecen un servicio de mucha utilidad, pero se toparon de lleno con las imperfecciones de los humanos, que tenemos el nefasto don de sacar a los inventos los usos más infames y retorcidos. Las redes sociales no son el problema, podrían ser usadas con inteligencia y sensatez, pero en una parte inaceptable son el caldo de cultivo de actitudes despreciables, difundiendo una ingente cantidad de basura que nadie se atreve a regular. Los niños y adolescentes no están preparados, ni emocional ni mentalmente, para el impacto de todo lo que circula por las redes, y por eso muchos países se plantean limitaciones a su uso por menores. También hacen un flaco favor a los mayores de edad, continuamente expuestos a informaciones tergiversadas que no se contrastan. En todos estos sentidos son un foco de incultura del que deberíamos protegernos.

 

¿Nos arrastra la monotonía de la realidad?
Sería más bien la monotonía de la irrealidad. Tal vez sea difícil saber que es de verdad la realidad, pero podemos empezar por desvelar lo que no es real. Percibimos lo que consideramos realidad a través de los sentidos del cuerpo físico, a través de las emociones y los pensamientos Las distorsiones de la realidad se producen cuando se altera el equilibrio, sobre todo de emociones y pensamientos, produciendo espejismos e ilusiones. El espejismo modifica la realidad por el empleo inadecuado de las emociones. La ilusión es la reacción tergiversada de la mente inferior al mundo de las ideas. El espejismo es la distorsión de la realidad por el empleo inadecuado de las emociones, intensificadas y deformadas principalmente por el deseo y por el sentido de dualidad. Es una cualidad de carácter emocional y mucho más poderoso, en estos momentos, que la ilusión, debido a que una enorme mayoría de la humanidad actúa enfocada desde su naturaleza astral; son puramente emotivas, y solo a veces con ocasionales chispazos de comprensión mental. El problema con el espejismo es que cuando nos invade y estamos inmerso en él no podemos verlo. Es también un gran problema para toda la humanidad, que la retiene en la esclavitud, y está presenta en todas las dificultades y conflictos, manteniéndola en continuo peligro. La mayoría de las personas ignoran que el espejismo y la ilusión conviven con ellas, incluso llegan a creer que son sus mayores cualidades. El espejismo es una cosa de apariencia sutil que se disfraza como si fuera una verdad. Es poderoso porque tiene su punto de entrada en esos estados mentales y modos de pensar cargados de emoción, tan familiares, que aparecen de forma automática y constituyen una manifestación casi inconsciente. Es un filtro de la realidad que crea un mundo de apariencias reales que congela la expansión de la conciencia.

 

Hizo varias reflexiones sobre el equilibrio emocional y mental. ¿Se nos apodera el temor?
El temor se sitúa en la cima de todos los espejismos y es el peor de todos, y en buena parte está en el origen de otros muchos espejismos, caracterizados por su alto grado de negatividad. Es una triste constante en la vida de la humanidad que se intensifica con la tensión de la época, estando en la base de todo sufrimiento e infelicidad. A pesar de lo que corrientemente se cree, nunca el temor está fundado y su justificación garantiza caer en un estado de irrealidad. No hay que confundir la necesidad, a veces imperiosa, de actuar ante las adversidades, con permitir la invasión del temor que, seguramente, dificultará tomar la respuesta más adecuada. Con el temor ocurre lo mismo que con las preocupaciones, que son ficción, rara vez tienen lugar, y lo sabemos, nos lo han dicho muchas veces, y sin embargo caemos de nuevo en la trampa y nos dejamos arrastrar por esas distorsiones de la realidad.
Los espejismos se pueden presentar con una variedad increíble, muchas veces mezclados entre sí. Podemos hablar del espejismo del materialismo y el culto al dinero, el espejismo de la autoconmiseración y sentirse víctima, el espejismo del poder, el espejismo del enfado, el espejismo de la soledad, el espejismo de la madre protectora o padre protector, y otros muchos, con una cosa en común: emociones fuera de control acompañadas de pensamientos de bajo perfil, a menudo negativos y obsesivos.

 

¿Y cómo podemos mejorar?
La energía sigue al pensamiento a través de la atención. En ese principio radica la clave del cambio. Cambiar un estado emocional y mental pasa primero por tomar plena conciencia de que estamos inmersos en una distorsión de la realidad, lo que se puede detectar a través de un sano discernimiento. El paso siguiente es desviar la atención, arrebatar al espejismo el poder nutritivo de la atención, y hacerlo sin lucha, con paciencia y persistencia. Un hábito que ha costado meses o años crear no se puede cambiar en un instante. Pero si se persiste los resultados irán viniendo enseguida. Solemos creer que cambiar un aspecto del carácter personal es imposible, que nosotros somos así, pero esa creencia es otro espejismo. El cerebro es muy obediente, pero si llevamos mucho tiempo dándole ordenes en un sentido, necesita asegurarse que las nuevas órdenes son las que debe seguir, y modificar las conexiones cerebrales que tenía establecidas.
También podemos probar a dejar de estar centrados en exceso en nosotros mismos, dejar de ser el centro de nuestro universo paralelo, y orientarnos hacia nuestro ser interior, hacia el alma. Una forma sencilla de hacerlo es intentar practicar las cualidades del alma, que algunos llaman valores humanos. Intentar amar y no odiar, servir y no exigir servicio, curar y no herir. Practicar la bondad, la empatía, el altruismo y la solidaridad. El verdadero amor no se basa en personalismos, ama sin pedir nada a cambio, y es el mejor remedio para disipar espejismos y liberar lastre, para expandir la conciencia y alcanzar nuevas cotas de realidad que lo serán también de libertad al soltarse de las ataduras de espejismos emocionales y mentales.

 

Un par de recomendaciones para el lector…
Un par o algunas más. Mantener siempre la esperanza muy alta, tanto a nivel personal como grupal, nacional o mundial. Vigilar los deseos, inhibir los de orden inferior y fomentar los de orden superior. Enfocarse hacía la unidad y la vida interior, con sencillez y desapego, y siempre que se pueda, en contacto con la naturaleza de la que somos parte. Disfrutar de la vida y facilitar su disfrute a los demás.